Cuando los propietarios deciden hacer una reforma, a menudo optan por retirar las viejas estufas de hierro fundido y reemplazarlas por radiadores modernos. Sin embargo, los profesionales con décadas de experiencia en instalación de calefacción advierten: no os apresuréis a tomar esta decisión, porque el buen y viejo hierro fundido merece ser conservado.
A diferencia de los modernos radiadores de aluminio o bimétalicos, que se enfrían en cuestión de minutos tras el apagado de la caldera o la interrupción del suministro, una estufa de hierro fundido sigue irradiando calor durante varias horas. En la actualidad, con un suministro de calefacción a menudo inestable, esta es una ventaja considerable.
La durabilidad del hierro fundido: un tesoro olvidado
Los radiadores modernos tienen conductos muy estrechos que se obstruyen rápidamente con la suciedad y el óxido de nuestras tuberías. El hierro fundido, en cambio, no se inmuta ante esto y seguirá calentando durante décadas.

Si vuestra principal preocupación es la estética, no tenéis por qué deshaceros de vuestras estufas de hierro fundido. En las tiendas podéis encontrar pantallas decorativas o cubiertas especiales que las ocultan fácilmente. Parecen radiadores modernos, se pueden retirar sin problemas para su limpieza y, lo que es más importante, no interfieren con la circulación del aire.
¿Una inversión que sale cara?
La experiencia de muchos propietarios demuestra que cambiar el fiable hierro fundido por plástico o aluminio de paredes delgadas a menudo resulta en "dinero tirado a la basura". El hierro fundido soporta presiones enormes y no teme a la química agresiva que a menudo se añade al agua de la calefacción central.
Por lo tanto, será mucho mejor restaurar una estufa antigua una vez y ocultarla bajo un panel elegante, que preocuparse cada temporada de si el nuevo radiador podría reventar de repente.
¿Alguna vez os habéis enfrentado a una situación similar al renovar vuestro hogar? ¡Compartid vuestras experiencias en los comentarios!