Seguro que crees que con un poco de detergente y agua tibia es suficiente para dejar tu vajilla impecable. ¡Pues te equivocas! Los microbiólogos advierten que la fuente principal de bacterias en tu cocina no son los restos de comida, sino la técnica incorrecta que usas al lavar y cuidar tus utensilios. Si quieres que tus platos estén realmente limpios y proteger la salud de tu familia, es hora de conocer las reglas que muchos pasan por alto.
La verdadera limpieza va más allá de que no se vean manchas. Se trata de una desinfección completa. Y el enemigo número uno, el que más microbios esconde, es la esponja de cocina. ¿Sabes con qué frecuencia deberías cambiarla?
El arma secreta contra los microbios: ¡no es invisible!
La mayoría de nosotros usamos la misma esponja durante semanas, o hasta que se deshace. Esto es un error grave. Deberías reemplazar tu esponja de cocina cada 7 días.
Pero eso no es todo. Una vez cada pocos días, es crucial que limpies a fondo tu esponja. El truco más efectivo y fácil es meterla en el microondas. Asegúrate de que esté húmeda, enciéndelo durante 1 minuto y estarás matando la mayoría de los microbios y patógenos.
El poder del agua caliente y el orden correcto
Los microbios detestan las altas temperaturas. Por eso, para disolver eficazmente la grasa y la suciedad, debes usar agua caliente para lavar los platos, entre 45 y 50 grados Celsius.
Y aquí viene un detalle que marca la diferencia: el orden en que lavas. Empieza siempre por los objetos menos sucios:

- Vasos
- Tazas
- Cubiertos
Deja para el final las ollas y sartenes. De esta manera, evitas que la grasa se extienda a otros utensilios más limpios.
¿Comida pegada? No frotes en seco
Si te ha pasado que la comida se ha quedado pegada a las ollas o sartenes, la tentación es frotar con fuerza. ¡Detente! Este método solo empeora las cosas y puede dañar tus utensilios.
El secreto está en el remojo. Prepara una mezcla de agua caliente con una pizca de bicarbonato de sodio. Déjalo actuar unos minutos. Esto ablandará la suciedad y hará que la limpieza y desinfección sean mucho más sencillas.
El toque final para una vajilla reluciente (y segura)
Incluso después de aclarar bien con agua limpia, puede quedar una fina capa de suciedad o residuos de detergente. ¿La solución? Un final sorprendente y casero.
Un chorrito de vinagre blanco diluido en agua es el agente de enjuague perfecto. Este toque final dejará tus platos y vasos no solo relucientes, sino también libres de cualquier residuo persistente. ¡Es un truco sencillo que marca una gran diferencia!
¿Tú cómo lavas tus platos? ¿Conocías estos trucos?