¿Alguna vez te has detenido a pensar si la temperatura de tu frigorífico está bien ajustada? Probablemente no. Lo más común es enchufarla, llenarla de comida y darla por hecha. Pero, créeme, este simple detalle puede costarte dinero, arruinar alimentos y, en el peor de los casos, afectar tu salud. La clave está en ese grado que pasamos por alto.

La recomendación universal de los expertos es mantener la temperatura entre 3°C y 5°C. Si tu frigorífico te permite ser preciso, apúntala a 4°C. ¿Por qué? En este punto, la proliferación de bacterias se ralentiza al máximo, tus alimentos conservan su frescura por mucho más tiempo y, lo mejor de todo, tu frigorífico consume una cantidad de energía mucho más razonable. Olvídate de preocupaciones y disfruta de la tranquilidad.

Tu frigorífico antiguo también puede ser eficiente

La mayoría de nosotros aún usamos frigoríficos con termostatos analógicos, esos con perillas numeradas. Es fácil perderse entre los números, pero entenderlos es clave. Por lo general:

La temperatura ideal de tu frigorífico: adiós al moho y hola al ahorro - image 1

  • Los números 1 y 2 corresponden a la configuración más cálida, cerca de los 9°C.
  • Los números 3 y 4 te acercan a los 4°C y 5°C, el rango ideal.
  • Los números 5 a 7 bajan la temperatura hasta los 0°C o 2°C.

Sencillo: si tienes un modelo de cinco niveles, apunta al tercer punto. Si tiene siete, al cuarto. Si en verano hace mucho calor o sueles llenar mucho el frigorífico, no dudes en subir un peldaño. Y para los más quisquillosos, un termómetro simple para frigoríficos, que es bastante económico, te dará la exactitud de esos deseados 4°C.

Cada grado extra se traduce en más consumo

Quizás te preguntes por qué unos pocos grados marcan tanta diferencia. No es para nada una banalidad. Un ajuste por encima de 6°C acelera drásticamente la aparición de moho y bacterias. Piensa en el pan, los quesos, las frutas... todo se deteriora mucho más rápido. La carne y los embutidos se estropean al doble de velocidad, y los lácteos se agrian antes. En el peor de los casos, estamos hablando de la proliferación de patógenos como la Salmonella, Listeria o E. coli, responsables de intoxicaciones alimentarias que van desde diarreas hasta fiebres altas, especialmente peligrosas para personas mayores o con defensas bajas.

Por otro lado, enfriar en exceso (por debajo de 2°C) no solo dispara tu factura de la luz, sino que también daña tus alimentos. Cada grado que bajas la temperatura puede aumentar el consumo energético entre un 5% y un 7%. Las verduras pueden congelarse y volverse insípidas, las hojas verdes se oscurecen, los huevos pueden agrietarse y, en general, todo se seca innecesariamente.

¿Y la organización? Un truco simple: los estantes inferiores son los más fríos. El centro es ideal para lácteos como la leche o el yogur. La puerta, al ser la zona más cálida, no es el lugar para guardar carne o productos lácteos sensibles. Un uso inteligente no solo mejora la conservación, sino que optimiza el funcionamiento de tu frigorífico.

¿Y tú? ¿Alguna vez has ajustado la temperatura de tu frigorífico con precisión? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!