¿Alguna vez has visto cómo el fibrocemento se resquebraja justo cuando crees que lo has clavado perfectamente? Es una frustración común que puede arruinar un trabajo de tejado o revestimiento, y la tentación de culpar al material es fuerte. Pero, en mi experiencia, la causa principal casi siempre se reduce a un error simple: la forma en que se clavan los clavos. Ignorar esta regla básica no solo daña el fibrocemento, sino que abre la puerta a goteras y un envejecimiento prematuro de tu tejado. Aquí te explico el secreto que muchos pasan por alto.
¿Por qué el fibrocemento se agrieta al clavar?
El fibrocemento, aunque resistente, tiene una cierta fragilidad si no se maneja correctamente. El error más frecuente es usar clavos inadecuados o simplemente clavarlos con demasiada fuerza o en el lugar equivocado. Esto genera puntos de estrés que, como una microfisura en un cristal, pueden extenderse rápidamente.
El clavo correcto marca la diferencia
Uno de los pilares para evitar grietas es elegir el clavo adecuado. No todos los clavos son iguales, especialmente cuando trabajas con fibrocemento, que es un material particular.

- Tipo de cabeza: Busca clavos con cabezas anchas o pestañas. Estos distribuyen la presión sobre una superficie mayor, amortiguando el impacto directo y reduciendo el riesgo de fractura. Los clavos especiales para tejados son una excelente opción.
- Longitud y diámetro: La longitud ideal debe permitir que el clavo penetre entre 2.5 y 3.8 cm en la estructura de soporte (la viga o listón de madera), pero sin ser excesivamente largo. El diámetro debe ser suficiente para una fijación firme, pero no tan grueso como para ejercer una presión excesiva sobre el fibrocemento.
- Material: La corrosión es el enemigo silencioso. Utiliza siempre clavos galvanizados o de acero inoxidable. En nuestro clima, la humedad y las inclemencias del tiempo hacen que los clavos normales se oxiden rápido, debilitando la fijación y degradando el material protector.
La técnica de clavado: paso a paso
Una vez que tienes el clavo correcto, la forma de usarlo es vital. He visto a muchos compañeros cometer errores que terminan costando caro. Sigue esta guía para asegurar una instalación impecable:
- Prepara la superficie: Antes de nada, asegúrate de que la zona donde vas a clavar esté limpia de polvo, escombros o cualquier residuo. Una base limpia garantiza un mejor asiento del material.
- Coloca las planchas: Posiciona las planchas de fibrocemento según tu diseño. Verifica que no queden huecos entre ellas; deben encajar de forma uniforme.
- Marca los puntos: Con un lápiz de carpintero o un marcador, señala con precisión dónde irán los clavos. La distribución uniforme es tu mejor aliada para la estabilidad.
- Clava con control: Aquí está el quid de la cuestión. Usa un martillo o una herramienta específica y golpea con fuerza firme pero controlada. El clavo debe atravesar el fibrocemento y fijarse sólidamente en la estructura.
- Aplica la fuerza justa: Evita el "exceso de celo". Golpear demasiado fuerte o de forma brusca es la causa número uno de las grietas. El clavo debe quedar bien sujeto, pero sin dañar el material circundante.
- Verifica la calidad: Después de cada clavo, echa un vistazo rápido. ¿Está bien fijado? ¿El fibrocemento se ve intacto? Si notas alguna irregularidad, corrige antes de continuar.
- Mantén los intervalos: A lo largo de todo el proceso, asegúrate de que los espacios entre clavos sean consistentes. Esto distribuye la carga de manera equitativa y prolonga la vida útil del tejado.
Aplicar esta técnica no solo te ahorrará quebraderos de cabeza y dinero en reparaciones, sino que te dará la tranquilidad de saber que tu tejado está bien hecho y protegido contra los elementos.
¿Qué otros trucos has descubierto para trabajar con fibrocemento sin problemas?