Seguro que después de cada colada te has preguntado: ¿la cierro del todo o la dejo un poco abierta? Hay quienes se quejan de que una puerta entreabierta desordena el baño, mientras otros aseguran que es un peligro para los mecanismos. Lo cierto es que esta pequeña decisión puede tener grandes consecuencias para tu electrodoméstico y tu salud. Si eres de los que la cierran herméticamente, es hora de que prestes atención, porque podrías estar creando el ambiente perfecto para moho y malos olores.
El gran debate: ¿cerrar o no cerrar? Las versiones encontradas
Es un clásico de las conversaciones de hogar: ¿se deja la puerta de la lavadora abierta o cerrada? Los argumentos son variados. Por un lado, están quienes temen que con el tiempo, el peso de la puerta abierta deforme las bisagras. Creen que esto puede llevar a que la puerta no cierre bien, provocando fugas de agua durante el lavado. Una preocupación válida, pero ¿es la más importante?
La voz del experto: Por qué dejarla abierta es fundamental
Los técnicos de electrodomésticos tienen una opinión firme al respecto: dejar la puerta de la lavadora entreabierta es la clave. Argumentan que al cerrar la puerta completamente justo después de lavar, creas un "invernadero" hermético dentro del tambor. La humedad residual en las paredes y en el sello de goma no tiene escapatoria.
En pocas horas, esta humedad estancada se convierte en el caldo de cultivo ideal para bacterias y hongos. ¿El resultado? Ese persistente olor a humedad que no solo emana de la máquina, sino que puede impregnarse en tu ropa limpia, arruinando la frescura de tus toallas y sábanas recién lavadas. ¡Nadie quiere ropa que huela a "armario cerrado"!.

El método maestro: La apertura ideal (y un extra que no debes olvidar)
El consejo del técnico es claro: no se trata de dejar la puerta colgando a la deriva, sino de permitir una ventilación adecuada. Basta con dejarla abierta solo unos 5 a 10 centímetros. Esto es suficiente para que el aire circule y el interior se seque por completo, sin ejercer presión alguna sobre las bisagras. Tu lavadora te lo agradecerá, y tú, tu ropa libre de malos olores.
Pero la cosa no termina ahí. Hay otro detalle que muchos pasan por alto y que es igual de crucial:
- El cajetín del detergente: Deberías extraer este compartimento al menos una hora después de cada lavado. Aquí es donde más tiempo queda agua estancada, formando esa desagradable capa resbaladiza de moho. Al sacarlo, permites que se airee y se seque, previniendo su acumulación.
El truco de las amas de casa expertas
Las señoras que llevan años al frente de sus hogares guardan un as bajo la manga para mantener su lavadora en perfectas condiciones. Su consejo es sencillo pero efectivo: pasa un paño seco por la parte inferior de la goma de la puerta después de cada uso.
Aquí es donde se acumula esa pequeña poza de agua, junto con pelusas, cabellos y restos de suciedad. Si ignoras esto, la goma puede deteriorarse con el tiempo y ser necesario un costoso reemplazo. Un gesto tan pequeño puede ahorrarte mucho dinero y disgustos a largo plazo.
Así que ya sabes, la próxima vez que termine tu ciclo de lavado, recuerda darle a tu lavadora esa pequeña "respiración".
¿Y tú? ¿Cómo sueles dejar la puerta de tu lavadora? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!