El suelo laminado se ha convertido en una alternativa popular al parqué clásico, ofreciendo un precio asequible y un aspecto atractivo. Sin embargo, este material requiere un cuidado experto para evitar deformaciones en las lamas y la pérdida de su cualidad estética. Especialmente delicado es el uso de herramientas modernas de limpieza, como la mopa a vapor. Muchas personas creen que es la solución universal para todas las superficies, pero ¿es cierto? Analicemos la compatibilidad del vapor caliente con el laminado y qué otros productos pueden dañar tu suelo.
El vapor: un enemigo silencioso para tu laminado
El funcionamiento de la mopa a vapor se basa en la limpieza de superficies con vapor caliente, lo cual es efectivo para muchos tipos de suelos. Pero, para el laminado, este tratamiento puede ser devastador. La alta temperatura, combinada con una humedad intensiva, puede provocar la deformación de las lamas y la degradación de la capa protectora laminada. La estructura del material no está diseñada para un contacto prolongado con la humedad ni para el impacto térmico, por lo que las consecuencias pueden aparecer rápidamente.
¿Hay excepciones? Solo para laminado resistente al agua
Existe una única excepción. Se permite el uso de la mopa a vapor únicamente para laminado resistente al agua de clase 31 o superior. El material debe estar instalado con un sistema de clic y las juntas entre lamas deben estar selladas de forma obligatoria. Aun cumpliendo todas estas condiciones, el uso de la mopa a vapor debe ser extremadamente cauteloso. La potencia del dispositivo debe ajustarse al mínimo y el procedimiento debe realizarse lo menos frecuente posible, priorizando los métodos de limpieza húmeda tradicionales.
Más allá del vapor: productos y herramientas a evitar
Además de la mopa a vapor, existe una lista de productos e instrumentos que son categóricamente inadecuados para el cuidado del suelo laminado. Las cepillos duros y las sustancias abrasivas dejan arañazos en la capa protectora superior, rompiendo su integridad y abriendo el paso a la humedad dentro del material. Los limpiadores que contienen amoníaco o cloro degradan la laminación, provocando la decoloración de la capa decorativa, lo que hace que el suelo pierda su color y brillo original. Los ácidos y álcalis agresivos, literal y figuradamente, disuelven la capa protectora del laminado, haciéndolo vulnerable a daños mecánicos y a la humedad.

Para una limpieza segura, es recomendable utilizar:
- Productos de limpieza especializados para laminado.
- Una solución jabonosa muy diluida con una mopa bien escurrida.
Esto garantizará la limpieza sin riesgo de dañar el acabado y prolongará la vida útil de tu suelo.
Un truco que muchos pasan por alto
Muchos propietarios se enfrentan al problema de que, a pesar de limpiar regularmente, el suelo laminado parece perder su brillo con el tiempo. A menudo, la causa no es la suciedad, sino el uso de productos inadecuados que dejan residuos. Una solución sencilla es lavar el suelo con agua y un chorrito de vinagre blanco diluido. El vinagre ayuda a eliminar las acumulaciones de jabón y suciedad, devolviendo el brillo al laminado sin dañarlo. Asegúrate de escurrir bien la mopa; la clave es la limpieza húmeda, no mojada.
¿Y tú, cómo cuidas tu suelo laminado?
Nos encantaría conocer tus trucos y experiencias. ¿Has tenido algún percance con tu suelo laminado? ¡Comparte tus consejos en los comentarios!