A mediados de enero, el cielo sobre el Mar Báltico fue testigo de una inusual operación aérea. Aviones de combate italianos de la OTAN despegaron para identificar una aeronave de origen ruso. Tras un acercamiento, se confirmó que se trataba de un Be-200, un avión anfibio ruso que ha capturado la atención por sus capacidades únicas y, curiosamente, por su dependencia de componentes ucranianos para su fabricación.

La reacción de la OTAN fue rutinaria: monitorear e identificar cualquier aeronave que pudiera suponer un riesgo para la seguridad. Sin embargo, el protagonista de esta vigilancia es un tipo de avión verdaderamente especial, capaz de aterrizar tanto en tierra como en agua. ¿Cómo es posible que un solo modelo de avión sea tan versátil y qué secretos esconde su diseño?

La sorprendente versatilidad del Be-200

Fabricado por la prestigiosa Beriev Aircraft Company rusa, el Be-200 Altair entró en servicio en 2003. Su característica más distintiva es su capacidad anfibia, permitiéndole operar en una variedad de superficies acuáticas y terrestres. Su diseño está optimizado para esto; incorpora dos motores a reacción asistidos por turbopropulsores montados sobre las alas, un detalle ingenioso para evitar la succión de agua durante despegues y aterrizajes.

Un todoterreno aéreo para misiones críticas

Pero la versatilidad del Be-200 va mucho más allá. Este avión puede transportar hasta 12.000 litros de agua, lo que lo convierte en una herramienta invaluable para combatir incendios forestales. En su configuración de transporte, puede acomodar hasta 72 pasajeros, mostrando su adaptabilidad a diferentes roles. Esta combinación de capacidades es bastante rara, ya que la mayoría de los aviones anfibios suelen ser de hélice, limitando su velocidad y potencia en comparación con el Be-200, que es propulsado por reactores.

La configuración "multirole" del Be-200 le permite ser utilizado para una amplia gama de misiones:

Be-200: El

  • Operaciones de extinción de incendios.
  • Misiones de búsqueda y rescate.
  • Patrullaje marítimo, como en su reciente incursión cerca del Mar Báltico.
  • Transporte de carga y pasajeros.

Su habilidad para recolectar agua directamente durante el vuelo y descargarla rápidamente en su destino lo hace extremadamente eficiente en situaciones de emergencia. A diferencia de otras máquinas anfibias, no existe un modelo similar que combine propulsión a reacción con capacidades anfibias tan avanzadas.

El paradójico punto débil en su fabricación

El Be-200 es sin duda un avión excepcional, perteneciende a un selecto grupo de aeronaves anfibias propulsadas por reactores en servicio activo. Es tan único que incluso dentro del inventario ruso, no es un modelo común. Las fuerzas militares y navales rusas disponen de un número muy limitado de unidades, lo que hace que su avistamiento sea siempre una sorpresa.

Aunque existen otros tipos de aviones anfibios en distintas armadas, ninguno ofrece la misma solución de propulsión a reacción que el Be-200. Bautizado "Altair", en referencia a la constelación del Águila, su producción es limitada, ensamblándose como máximo dos unidades al año.

Y aquí llega la parte más sorprendente y paradójica de su manufactura actual: los motores D-436 que impulsan al Be-200 son de fabricación ucraniana. Antes del conflicto, este avión ya era conocido en Europa, habiendo participado en misiones de extinción de incendios en Portugal y Turquía. Sus admiradores a menudo lo describen como una máquina fascinante, una amalgama de avión y lancha, lo que ha llevado a apodos como "Aerodeslizador Volador".

Este incidente en el Mar Báltico nos recuerda que, incluso en el ámbito militar, las cadenas de suministro y la cooperación internacional (o su ausencia) pueden tener impactos inesperados y curiosos. ¿Qué otras alianzas ocultas en la fabricación de tecnología militar te sorprenden?