¿Alguna vez te ha pasado que, en pleno trabajo, la broca de tu taladro se queda atascada hasta el punto de no poder sacarla? Es una situación frustrante que, créeme, le sucede a muchos, tanto a profesionales como a aficionados. Las mordazas del portabrocas, sometidas a presión, a veces deciden no ceder, dejándote en un apuro. Pero antes de pensar en llevarlo al servicio técnico o resignarte, te cuento un secreto que te ahorrará tiempo y dinero.
¿Por qué la broca se niega a salir?
Las razones son variadas, pero suelen ser mecánicas. A menudo, esto ocurre cuando has forzado el taladro con una broca de tamaño máximo, haciendo que las mordazas se abran al límite y luego no retornen a su posición normal. Otras veces, el problema es más simple: acumulación de virutas, polvo o pequeños residuos metálicos que se alojan entre las partes móviles, bloqueando el mecanismo. No importa si tu taladro es económico o de alta gama; este inconveniente puede presentarse en cualquiera.
Soluciones caseras que funcionan
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, puedes resolverlo tú mismo con un poco de ingenio.
- El poder del lubricante: El primer y más efectivo paso es aplicar un lubricante. La WD-40 es una opción fantástica; rocíala directamente sobre las mordazas del portabrocas. Si no tienes a mano, el queroseno o, sorprendentemente, el aceite de máquina de toda la vida también cumplen la función. Dale unos 10-15 minutos para que penetre bien en cada rincón.
- Un golpecito de ayuda: Después de lubricar, golpea suavemente el portabrocas. Puedes usar un mazo de goma o, si no tienes, un martillo común envuelto en un trapo grueso. El objetivo es vibrar el mecanismo y ayudar a que la broca se suelte. Si el calor es un factor (el metal se expande), puedes intentar calentar ligeramente el portabrocas con un secador de pelo profesional antes de aplicar el lubricante y golpear.
Técnicas avanzadas (pero aún así sencillas)
Si los primeros intentos no dan resultado, no te desesperes. Hay un par de trucos más que suelen ser muy efectivos.

El método de las dos llaves
Una vez lubricado el portabrocas, puedes usar dos llaves inglesas (o la de tubo que tengas a mano). Con una, sujeta firmemente la base del portabrocas. Con la otra, gira con cuidado la parte superior (la que sujeta la broca). Es crucial que coloques un material blando (un trozo de tela gruesa o goma) entre las llaves y el metal para no rayar ni dañar las partes del taladro. Este método funciona tanto en portabrocas convencionales como en los de cambio rápido.
El "baño" radical
Si la broca está realmente incrustada, a veces la solución es más extrema. Consiste en sumergir la parte delantera del taladro en un recipiente con aceite de máquina (o incluso gasolina o aceite vegetal, si no hay otra opción) durante, al menos, una hora. Tras este "baño", la fricción se reduce drásticamente, y la broca suele salir con mucha menos resistencia, facilitando los métodos anteriores.
¿Por qué funciona en todas las marcas?
La mecánica de los portabrocas es bastante universal. Ya sea un Bosch, un Makita (que suelen atascarse por acumulación de suciedad y responden bien a lubricantes), un Bosch o incluso marcas locales como Interco, el principio es el mismo. Estos métodos de lubricación, vibración y palanca suave aplican a la gran mayoría de herramientas eléctricas del mercado.
Lo más importante es la paciencia y la delicadeza. Forzar en exceso puede dañar el mecanismo del taladro de forma irreparable. Si después de estos intentos la broca sigue firme, es momento de considerar seriamente llevarlo a un profesional. Pero en el 90% de los casos, el aceite de máquina es la solución mágica que necesitas.
¿Te ha pasado alguna vez? ¿Qué truco usaste tú para liberar tu taladro?